Tienen entre 16 y 30 años, abandonaron los estudios, cuentan con poca experiencia laboral y los empleos que encuentran son considerados precarios. Además, muchos se encuentran en riesgo de exclusión social por su origen, su situación económica o por tener alguna discapacidad. Esta es la realidad a la que se enfrentan miles de jóvenes en España. La mayoría tiene inquietudes y aspira a una vida mejor, pero a menudo sienten desorientación baja autoestima, no saben bien en qué formarse o dónde pueden encajar. Necesitan un apoyo específico, que entienda su situación personal y social y les ofrezca recursos que se adapten a su realidad.