Las altas temperaturas constituyen uno de los principales riesgos ambientales para la salud y afectan de forma desigual a la población. Aunque las personas mayores, la infancia, quienes padecen enfermedades crónicas o toman determinados medicamentos presentan una mayor vulnerabilidad, el calor extremo también supone un riesgo creciente para otros colectivos, como las personas que trabajan al aire libre, quienes practican actividad física o deporte en exteriores, las personas sin hogar, las que viven en viviendas con dificultades para mantener una temperatura adecuada o aquellas expuestas de forma prolongada al sol por motivos laborales o de ocio