Para 2050, 200 millones de personas al año podrían necesitar ayuda humanitaria como resultado de una combinación de desastres relacionados con el clima y el impacto socioeconómico del cambio climático, pero la crisis climática ha pasado a un segundo plano en la agenda mundial mientras los países luchan por frenar la propagación de la COVID-19 y minimizar sus efectos inmediatos y a largo plazo en la salud y la economía.