“Lo que pasa en Ceuta, no pasa en ninguna parte”, decía mi querido y descontento amigo al comprobar que la fuente de la Plaza de España, -o de Correos como es más conocida-, volvía a estar de nuevo parada y con su agua a punto de ponerse verde y corromperse. Este hecho, probablemente, fue el detonante, ya que en ese momento, quien nos acompañaba le respondió: “A lo mejor está el motor averiado y es posible que le falte una pieza que esté retenida en la aduana… A mucha gente le pasa eso”. Mi amigo contestó enfadado: “Si fuese sólo eso…”, seguido de una retahíla interminable que duró más de lo que mis oídos podían aguantar.
