Cuando entras a formar parte de un partido lo haces no sólo por ideología, también por sentirte útil y bien contigo misma. Siempre he sentido la necesidad de reivindicar y de no rendirme ante las adversidades, mucho menos cuando esas tinieblas forman parte del círculo que se supone que tiene que unir, fortalecer, y contribuir. Me enseña-ron a pelear, a no rendirme, a ser independiente y, sobre todo, a no creerme superior a nadie, es decir, a no juzgar. Vivimos en un mundo de apariencias, de control, de po-der. El mundo que yo quiero no mide las palabras o los gestos, el mundo que yo quiero lucha por la palabra, pero la que sale del corazón. Pienso que las personas que actúan con el corazón llegan más lejos y acaban conectando más con la gente, que aquellas que sólo escudriñan el beneficio personal por encima del bien común.
