Vivimos en una ciudad rodeada de mar, un lujo que para sí quisieran muchas otras, pero aquí parece ser que no conseguimos ponerla en valor. Esto no se ha conseguido ni a través del turismo, ni de la industria conservera, ni siquiera a través de la tradicional industria de los salazones, actividad esta que ahora se quiere reactivar, hecho de lo cual me congratulo pues es una apuesta incluida en nuestro programa electoral desde el comienzo de nuestra singladura política.
