A mitad de los años cincuenta del siglo XX, el premio Nobel de Economía, Simon Kuznets, utilizando como herramienta la estadística, demostró que el rápido crecimiento económico que se daba en las sociedades avanzadas occidentales beneficiaba a las rentas que procedían del factor trabajo. Aproximadamente un setenta por ciento de los ingresos totales procedían de rentas del trabajo. Esta tendencia se fue acentuando hasta finales de la década de los setenta, en las que las democracias desarrolladas en economías de mercado conseguían crecimientos equilibrados para la mayor parte de la población.
