Cada vez que hay una crisis, un asesinato de un agente en acto de servicio, una manifestación de sindicatos policiales, se repite el mismo espectáculo: un partido señala al otro, se lanzan reproches cruzados, y todos se erigen por un rato en defensores de la Policía Nacional y la Guardia Civil. Conviene mirar el historial completo antes de aplaudir a nadie, porque ninguno de los dos grandes partidos que han gobernado España en las últimas décadas puede presentarse limpio ante quienes cada día se juegan la vida por el resto.
