El MDyC ha puesto sobre la mesa una propuesta que, en realidad, no debería ser polémica: que la Asamblea rechace los discursos de odio y reafirme su compromiso con los valores democráticos. A estas alturas, defender la convivencia, el respeto y la pluralidad no tendría que ser una bandera partidista, sino un mínimo común compartido. Si la institución que representa a la ciudadanía no marca ese límite, ¿quién lo hará?