Marruecos acaba de ser presentado como la nueva gran potencia industrial de África. Los titulares hablan de éxito, de crecimiento económico y de liderazgo continental. Todo suena muy bien sobre el papel. Pero mientras unos celebran esos logros desde los despachos, otros siguen lanzándose al mar en embarcaciones precarias para buscar un futuro mejor. Y es imposible no preguntarse: si las cosas van tan bien, ¿por qué tanta gente quiere marcharse?