Lo de Alvise ya roza el esperpento. El tipo que iba de justiciero, que se hartó de señalar con el dedo y venderse como el azote del sistema, ahora está hasta las cejas en un caso de supuesta corrupción. ¿Ironía? No. Hipocresía en estado puro. Porque no hay nada más repulsivo que quien predica moral desde un pedestal podrido.