Dar por zanjada una posición con respecto a la frontera con el país vecino es imposible; creer que se pretendan estándares basados en la calidad del servicio es una utopía; pensar que las medidas que se puedan adoptar están dirigidas a mejorar la convivencia es un sueño bien intencionado, como hice yo en mi último artículo, donde quise encontrar una lógica y un motivo de comprensión de las políticas llevadas a cabo por el Reino de Marruecos con respecto a la frontera con Ceuta.
