En el artículo anterior, hablábamos del mal, como el gran escollo de la aceptación de la existencia de Dios, para negarlo o admitirlo. En el siglo veinte, quizás con frase contundente, un poeta judío, que estuvo en uno de los campos de exterminio, más crueles de la época, y que quizás jamás entenderemos, de tanto mal gratuito y a nivel industrial, se preguntaba: ¿Dónde estaba Dios mientras existió Auschwitz? Una pregunta enorme que supera mi inteligencia y mis conocimientos, pero que quizás haya que abordar…
