No deberíamos olvidar que los animales tienen un instinto muy sensible, una capacidad de percepción muy sensibilizada; ellos olfatean nuestra aura. Por lo tanto si decimos: “Me dirijo a los animales con amor”, entonces nos tenemos que preguntar si está nuestra aura como para que el animal pueda percibir la denominada “imagen de olfateo” correspondiente. Si por ejemplo con nuestros semejantes somos desvergonzados, malévolos y envidiosos, eso es un olor determinado. Esto lo perciben los animales y huyen de nosotros, aunque digamos: “Si, si, nos tenemos que dirigir a los animales con amor”.
