Alguien afirmaba en su momento que aquel que tiene el poder del dinero poco o nada le importa quién promulga las leyes, pues estas siempre van a salvaguardar sus intereses. Toda una realidad, de hecho en una ciudad tan pequeña como la nuestra esto se cumple a rajatabla, pues solamente basta con echar un vistazo a las licitaciones que se convocan para comprobar que casi siempre acaban llevando la misma dirección, casualidad, bien hacer o eficacia, si es así y todo discurre dentro de la legalidad nada que objetar, aunque muchas veces y dadas las circunstancias, uno tiene que pensar que no es oro todo lo que reluce.
