Los muertos vivientes ya se cuentan por decenas. Si miramos las hemerotecas, tendríamos un cálculo exacto de los caídos más relevantes. Hay quien dice que es la señal inequívoca de un partido político en descomposición. Eso creen algunos. Yo también lo creo aunque, a estas alturas, nadie duda que de aquí, hasta el momento de la ruptura, quien maneja las riendas tiene poderes para resucitar a algunos cuyas esquelas dan fe de su desgracia, del amargo trance sufrido cuando les tocó en épocas pasadas.
