Podría argumentar la afirmación que da título a este artículo desde diversas variables. Por ejemplo, por la falta de capacidad que siempre ha demostrado y que ya es clamorosa evidencia tras sus actuaciones en la crisis del COVID-19. O por rodearse y apoyarse en personas más interesadas en crear crispación y ver sus, ya de por sí desmedidos, egos agrandarse día a día. O por sus pésimas elecciones a la hora de apoyar a barones o baronesas, de cuestionadas capacidades y que muy posiblemente terminen con calvarios judiciales a sus espaldas, Ayuso es el mejor ejemplo, dejando de lado a otros con solvencia más que demostrada, que saben articular discursos desde la serenidad y con capacidad argumentativa y reflexiva, Alonso es el mejor ejemplo. Si bien, con este perfil prácticamente no hay ninguno en el PP. O porque toda España es consciente de la responsabilidad de su partido en el deterioro de nuestra Sanidad, tan necesaria siempre, pero más hoy día.O porque su gurú ideológico sea el mismo que nos metió en la Guerra de Irak, definió a Rato como “el mejor ministro de Economía de la democracia”, y tenía claro que el 11M fue ETA (todo lo que vino después definen perfectamente a este señor y al gobierno que dirigió).
