El Complejo Deportivo Guillermo Molina, un emblema de actividad física y salud en nuestra ciudad, se está convirtiendo en un verdadero infierno para quienes lo frecuentan. Las temperaturas dentro del recinto han alcanzado niveles insoportables, afectando tanto a los trabajadores como a los deportistas que dependen de sus instalaciones para entrenar y competir. No es exagerado afirmar que el complejo "se quema por dentro", y con él, también la paciencia y la salud de los que pasan sus horas en su interior.
