Resulta escandaloso que, en pleno 2025, el 80% de los ayuntamientos catalanes hayan decidido vetar la bandera de España en sus balcones institucionales. No estamos hablando de un trapo cualquiera, sino del símbolo común que representa a todos los ciudadanos de este país, también a los catalanes —aunque a algunos les cueste aceptarlo—. Esta actitud no solo es una falta de respeto, es una declaración de intenciones: la de seguir alimentando un discurso excluyente, provinciano y profundamente antidemocrático.
