En 2017, hace ya 10 años, dos antes de que llegara a la presidencia del gobierno de España, dije de un Pedro candidato a la secretaría general que me daba “asco su estrategia”. Nunca le llamé asqueroso, jamás haría un juicio de valor personal de nadie en esos términos, como algunos quisieron decir. ¿Por qué traigo a colación esto después de tanto tiempo y volver a airearlo cuando tanto aislamiento y desgaste, en mi partido, ya me provocó? Porque no tengo ninguna razón para haber cambiado de opinión.
En 2017, hace ya 10 años, dos antes de que llegara a la presidencia del gobierno de España, dije de un Pedro candidato a la secretaría general que me daba “asco su estrategia”. Nunca le llamé asqueroso, jamás haría un juicio de valor personal de nadie en esos términos, como algunos quisieron decir. ¿Por qué traigo a colación esto después de tanto tiempo y volver a airearlo cuando tanto aislamiento y desgaste, en mi partido, ya me provocó? Porque no tengo ninguna razón para haber cambiado de opinión.
Sigo rechazando profundamente su capacidad de manipular la verdad para construir un relato que le valga para sus intereses. Y esos desvanes los pagamos todos los que conformamos el proyecto que él lidera.
Los primeros que sufren esta situación son los ministros y ministras, que no pueden ver cómo sus gestiones son valoradas por los beneficiarios de las políticas de izquierdas y de conquista de derechos que están impulsando, porque la figura de Pedro, y de algunos indecentes que pulularon a su alrededor, termina eclipsándolo todo.
Otro que está sufriendo esta situación, y de qué manera, es el delegado del Gobierno en Ceuta, que se ha convertido en el receptor de todo el rechazo que provoca Pedro. Y, sin embargo, no se está reconociendo como merece el enorme esfuerzo que está realizando desde una posición especialmente difícil.
Y es que Ceuta no está en pie porque todos sus ciudadanos sean del PP o de VOX, ni está contra el Gobierno simplemente porque no exista una solución inmediata. La mayoría de los ceutíes entiende perfectamente la magnitud de la situación y es consciente de que existen condicionantes legales, diplomáticos y de toda índole que limitan las respuestas y, en contra de la voluntad de quienes aquí vivimos, obligan a dilatarlas en el tiempo.
El problema es otro: la gente necesita percibir que detrás de las decisiones hay convicción, liderazgo y un rumbo claro. Y Pedro no está trasmitiendo ni representado eso. Lo que está generando más frustración entre los ceutíes no es que la solución no haya sido de un día para otro, sino la sensación de que no hay suficiente valor político detrás de las acciones.
Como militante socialista, siempre he creído que debemos poder decir con claridad y respeto cuando no compartimos determinadas decisiones o determinadas formas de afrontarlas. Las declaraciones del presidente sobre su derecho al descanso y a las vacaciones son, en términos estrictamente personales, una obviedad: por supuesto que tiene derecho a descansar y a disfrutar de sus vacaciones.
Pero también tenían derecho a sus vacaciones los funcionarios a los que se les pidió, y en muchos casos se les obligó, a suspenderlas o posponerlas ante una situación que se consideró excepcional. Y muchos de ellos seguro que lo hicieron sin rechistar, porque entienden que su responsabilidad y su obligación están por encima de sus propios planes personales.
Por eso, no parece descabellado exigir el mismo nivel de compromiso a quien ocupa la Presidencia del Gobierno. Nadie está diciendo que el presidente no tenga derecho a descansar. Lo que estoy diciendo es que hay momentos en los que ejercer una responsabilidad pública exige estar presente, dar la cara y, si es necesario, aplazar el descanso.
Porque liderar también significa dar ejemplo. Y cuando a miles de trabajadores públicos se les pide que renuncien a sus vacaciones por una situación excepcional, cómo se le va a poder explicar a la ciudadanía que quien tiene la máxima responsabilidad política del país no haga lo mismo.
Y creo que algo parecido está ocurriendo dentro del socialismo ceutí. No es que nuestra militancia no esté dispuesta a defender Ceuta, ni que haya dejado de creer en nuestros valores. Es que, durante este mes de crisis, el partido se ha ido diluyendo y eso está provocando un debilitamiento del sentimiento de pertenencia. No se han creado espacios de debate y de opinión, la militancia se encuentra sin información directa y real, sufriendo como todos los ceutíes una situación que la desborda.
Precisamente en los momentos difíciles es cuando debe haber más Partido, no menos. Más presencia, más debate, más participación y más información de qué defendemos y por qué lo defendemos para que también la militancia pueda a su vez, explicárselo a la ciudadanía de primera mano.
Ceuta necesita ver que detrás de nuestras palabras hay una posición política clara. Y nuestra militancia necesita volver a sentir que detrás de ella está el Partido.
Algunos soñarán con una Ceuta sin el PSOE, pero pocas cosas podrían ser peores para nuestra tierra que quedarse sin el contrapeso que representamos; sin una herramienta como el PSOE de Ceuta, capaz de fiscalizar, proponer y liderar los cambios que Ceuta necesita.
Un PSOE de Ceuta, como el actual, liderado por hombres y mujeres honestas, que con sus aciertos y errores, estén comprometidos únicamente con el interés general y que no respondan ante nadie más que ante su pueblo.
Se avecinan momentos de decisiones y debemos afrontarlas con responsabilidad y valentía.