Las medallas del Día de Ceuta, en teoría, deberían ser un reconocimiento a aquellos ciudadanos que han demostrado méritos extraordinarios en su servicio a la comunidad. Sin embargo, en la práctica, este galardón ha ido perdiendo su valor, convirtiéndose en un reflejo de las alianzas políticas y favores personales, más que en un homenaje a la excelencia y dedicación.