Siria, un país que durante décadas fue cuna de una rica historia y cultura, ha visto su nombre asociado en los últimos años a los horrores del terrorismo y el extremismo. Sin embargo, no es justo reducir toda una nación a ese estigma. Es importante separar a una población civil víctima de la violencia de aquellos grupos extremistas que operan en su suelo. Si bien es necesario actuar con firmeza contra estas amenazas, no podemos olvidar que el pueblo sirio ha sufrido tanto, o más, que cualquier otra víctima del terrorismo.