Las ciudades del siglo XXI están inmersas en un debate que va mucho más allá de la movilidad. Por un lado, está el modelo tradicional, basado en el uso masivo del coche privado; por otro, una visión más moderna que apuesta por el transporte público, los taxis, las bicicletas y los desplazamientos compartidos. A estas alturas, resulta difícil negar que esta segunda opción ofrece ventajas evidentes: menos contaminación, menos ruido, menos atascos y una mejor calidad de vida para quienes habitan los núcleos urbanos.