Si algo demuestra el enésimo estallido del ‘caso Ábalos’ es que, en política, las bombas más ruidosas suelen venir de casa. Que el hijo del exministro haya decidido señalar directamente al presidente Sánchez, denunciando presuntas maniobras para silenciarlo a través de Santos Cerdán, no es solo un giro dramático: es un síntoma de un Gobierno atrapado en su propio laberinto. Y aunque él no haya aportado pruebas, el mero relato contribuye a un clima insoportable para un Ejecutivo que dice abanderar la transparencia.