No es la primera vez que nos pronunciamos acerca del Pueblo Palestino.
Posiblemente no será la última.
No es la primera vez que nos pronunciamos acerca del Pueblo Palestino.
Posiblemente no será la última.
A falta de seis meses para los comicios de mayo, la incertidumbre no para de crecer. Por primera vez desde que Juan Vivas se puso al mando de su cortijo en 2001, la ciudadanía anda expectante por lo que pueda acontecer en los próximos meses. La certeza de una mayoría absoluta del PP se ha desmoronado a base de escándalos de corrupción, pasividad buenista ante la inseguridad, calamidades económicas y una marroquinización tan permitida como fomentada.
Como se puede observar, las ONGs proliferan como hongos alrededor de todo este movimiento de la inmigración y para ello utilizan una cantidad ingente de personas que a priori no sabemos de que subsisten. Pero eso aún siendo importante, no es lo preocupante, lo que si es necesario saber es como se financian y ahí esta el verdadero problema, pues como bien se sabe muy raro es que alguien haga algo sin percibir por ello algo a cambio por muy altruista que se quiera ser.
Se suele definir y describir la agonía como el estado que sufre un ser vivo antes de la muerte o los momentos o días que preceden a la muerte. También algunos autores indican que es el paso intermedio entre la vida y la muerte.
Pienso que estamos en una etapa donde las visitas y reuniones entre Estados trascienden con más claridad a lo más importante, la ciudadanía. La situación geoestratégica, los vínculos históricos de nuestro país, la pertenencia a la Unión Europea y lo que considero más importante, la repercusión positiva para la vida diaria de la población, son razones que a mi modo de entender, motivan y avalan el impulso de los encuentros internacionales.