Ahora que se acerca la Navidad nos vemos inmersos en una dinámica de copiosas comidas. Se trata de celebraciones en las que los alimentos son algo más que alimentos, son el hilo conductor de ratos agradables, de compromisos sociales, de desinhibición y de, por qué no decirlo, conversaciones filosóficas de sobremesa influidas por el exceso de alcohol, de azúcar y de grasas saturadas a niveles industriales que nos llevan a veces a descubrir grandes verdades.
