Varios convecinos mientras que el de Portoplano estaba tomando su líquido negro caliente en una mesa leyendo las noticias impresas en papel, se acercaron para intentar ponerle en una especie de pared sin salida. Pero él mirándolos no contestó a ninguna de sus preguntas, continuó ensimismado en sus pensamientos, livianos o profundos solo la naturaleza conocerá, porque qué se va a responder a alguien que pregunta con mala voluntad:
