Cuando la “obligación” que tienen los sindicatos de obtener las mejores condiciones laborales posibles, en este caso para los empleados municipales, se da la mano con la arbitrariedad y capricho con que actúa y trata el dinero público el Gobierno local, se crea una situación explosiva en la ciudad. “Todo el mundo” se altera, porque “todo el mundo” quiere pillar cacho.
