Es fácil, al menos en Occidente, negar toda importancia al fenómeno religioso, a la concepción de Dios. Pero negarlo no es enfrentarse a estas cuestiones. Hoy, como ayer, incluso en Occidente multitud de definiciones-descripciones-enunciados-entidades-concepciones del mundo secular, no se entenderían sin saber que están preñadas e injertadas en cuestiones y principios religiosos.
