Desde la más absoluta indignación, denunciamos el discurso de odio difundido por Revuelta, organización juvenil vinculada a Vox, en su visita a Ceuta y, en concreto, al barrio de El Príncipe.
Desde la más absoluta indignación, denunciamos el discurso de odio difundido por Revuelta, organización juvenil vinculada a Vox, en su visita a Ceuta y, en concreto, al barrio de El Príncipe.
La escena que se repite cada fin de semana en el Estrecho no es una anécdota: es un síntoma. Como secretario general de CCOO de Ceuta, no puedo aceptar como “normal” que las navieras sigan gestionando el embarque de vehículos como si la seguridad y la dignidad de las personas pasajeras fueran un detalle secundario. El pasado domingo, en el embarque de las 16:00 horas de Algeciras a Ceuta, los coches fueron estibados pegados unos a otros, hasta el extremo de que apenas se podían abrir las puertas y las personas tenían serias dificultades para bajar del vehículo y acceder a las escaleras que conducen a los salones. Cuando se planteó la queja a un operario, la respuesta suele ser tan clara como preocupante: “Vamos llenos, hay que estibar así”.
Vivimos rodeados de símbolos. Banderas, fronteras, religiones, idiomas, costumbres. Cosas que, en principio, deberían servir para recordarnos quiénes somos, de dónde venimos y qué historias nos habitan. Y, sin embargo, muchas veces ocurre lo contrario: en lugar de acercarnos, nos separan. En lugar de ayudarnos a entendernos, nos empujan a desconfiar. Y ahí es donde uno se pregunta en qué momento la identidad dejó de ser algo bonito para convertirse, a veces, en una excusa para levantar muros.
Cuando el Consejo de Ministros se reunió esta mañana en sesión extraordinaria para aprobar el plan anticrisis ante la guerra en Irán, en Madrid nadie pensó en Ceuta. No es una acusación. Es un hecho documentable, sesión a sesión, decreto a decreto, presupuesto a presupuesto. Ceuta figura en los papeles del Estado cuando conviene, y desaparece cuando se trata de proteger a sus ciudadanos.
La Ciudad Autónoma destina 475.000 euros anuales a la Cámara de Comercio mediante subvención nominativa para financiar el programa de bonos de consumo. El mecanismo es legal, pero en dos años de ejecución no se ha publicado ninguna memoria de resultados que acredite el impacto real del gasto.