Vivimos en una época en la que ser joven parece sinónimo de prisa, de ruido constante y de opiniones rápidas. Todo empuja a posicionarse, a elegir un bando, a reaccionar antes de reflexionar. Pero, en medio de ese torbellino, hay una pregunta que cada joven debería hacerse: ¿estoy pensando por mí mismo o simplemente repitiendo lo que otros quieren que piense?
