La caída del pino de Calamocarro no ha abierto únicamente un debate medioambiental en Ceuta; ha vuelto a poner en primer plano una forma de gestionar marcada por la minimización de los problemas y la ausencia de autocrítica. Cuando desde la Consejería se transmite que la pérdida era “inevitable” o que no se puede estar pendiente de todos los árboles, lo que se proyecta no es realismo: es resignación política.
