Mi Rincón
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Hay días en los que uno sale a la calle y se pregunta hasta dónde vamos a llegar. Playas llenas de personas durmiendo en cualquier rincón, basura por el suelo, malos olores, suciedad y una sensación de abandono que empieza a ser difícil de explicar. Y mientras tanto seguimos con el mismo discurso de siempre: que si son niños, que si tienen frío, que si se han mojado, que si necesitan ayuda. Claro que hay situaciones que duelen y que nadie debería vivir. Pero también duele ver cómo nuestra ciudad se va deteriorando delante de nuestros propios ojos.

Hay días en los que uno sale a la calle y se pregunta hasta dónde vamos a llegar. Playas llenas de personas durmiendo en cualquier rincón, basura por el suelo, malos olores, suciedad y una sensación de abandono que empieza a ser difícil de explicar. Y mientras tanto seguimos con el mismo discurso de siempre: que si son niños, que si tienen frío, que si se han mojado, que si necesitan ayuda. Claro que hay situaciones que duelen y que nadie debería vivir. Pero también duele ver cómo nuestra ciudad se va deteriorando delante de nuestros propios ojos.

Porque una cosa es tener humanidad y otra muy distinta es pedirle a los ceutíes que aguanten absolutamente todo. Que aguanten la suciedad, que aguanten los campamentos improvisados, que aguanten los restos de comida, los malos olores y que después sean ellos quienes tengan que convivir con todo eso. ¿De verdad nadie se da cuenta de que esto no puede seguir así? ¿De verdad tenemos que esperar a que aparezca un problema sanitario serio para reaccionar?

Y hay algo que empieza a resultar especialmente preocupante: la sensación de que aquí nadie quiere asumir la responsabilidad. Unos miran a Madrid, otros miran a Marruecos, otros hablan de competencias y mientras tanto la basura sigue en la calle y las personas siguen durmiendo donde pueden. Al final, como siempre, quien está ahí todos los días es el ciudadano de Ceuta. El que paga sus impuestos, el que lleva a sus hijos al colegio, el que quiere ir a la playa y encontrársela limpia y el que simplemente quiere vivir tranquilo.

No se trata de odiar a nadie por venir de otro país. Se trata de decir basta a una situación que se ha ido de las manos. Quien necesite ayuda debe recibirla, especialmente los menores. Pero quien pueda regresar a su país debe hacerlo y quien ensucie, destroce o incumpla las normas debe responder por ello, exactamente igual que cualquier otra persona. La solidaridad no puede convertirse en barra libre y la comprensión tampoco puede significar que todo vale.

Ceuta ya ha demostrado demasiadas veces que sabe aguantar. Pero aguantar no significa callarse. Y quizá ha llegado el momento de que quienes tienen que tomar decisiones dejen de explicarnos por qué no pueden hacer nada y empiecen, de una vez, a hacer algo. Porque una ciudad no se puede mantener en pie únicamente a base de discursos. También hace falta poner orden, y actuar de una puñetera vez.

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Ceuta, Sábado 05 de Septiembre del 2026

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