Cuando ya se ha iniciado febrero, un cúmulo de sensaciones, recuerdos, alegrías, ilusiones, sabores agridulces, emociones..., se agolpan muy atropelladamente sin orden ni concierto en mi mente, por todo lo acontecido a lo largo de estas tres décadas y media, que pronunciadas así, son solo cuatro palabras, pero acumulan siete lustros, cuatrocientos veinte meses o doce mil setecientos setenta y cinco días, vividos tan intensamente y sin apenas pausas, que aquel primer día de comienzo se funde con el último y no parece que haya pasado el tiempo.
