Hay momentos en la vida en los que ser educado, leal y disciplinado deja de ser una virtud para convertirse en una condena. Y creo que Miguel Ángel Pérez Triano ha llegado a uno de esos momentos. Lo digo desde el cariño, desde la amistad y desde el conocimiento de la persona que hay detrás del cargo: un hombre profundamente ceutí, con ideales de izquierdas, preparado, capaz, educado y que quiere a su tierra. Precisamente por eso duele verlo hoy tan señalado ante una ciudadanía que está pagando las consecuencias de una situación que él no ha provocado y cuya solución, además, no está en sus manos.