La gestión de una empresa pública no puede estar condicionada por intereses personales, prejuicios o luchas internas. Cuando se aparta a profesionales que han demostrado capacidad, dedicación y conocimiento de la casa, las consecuencias terminan apareciendo tarde o temprano. Eso es precisamente lo que muchos consideran que está ocurriendo en Servilimpce tras la salida de Luis de Barrera, una decisión que, con el paso del tiempo, parece haber dejado más interrogantes que respuestas.