En Ceuta ya casi nadie se sorprende cuando se habla de “mil viviendas”. Es una de esas frases que suenan bien, que quedan perfectas en un titular, pero que con el paso del tiempo han ido perdiendo credibilidad a base de repetirse sin resultados visibles. Porque la realidad, tozuda como siempre, es que las viviendas no llegan al mismo ritmo que los anuncios.