Que el Partido Popular proponga hacer de la lectura una materia obligatoria desde Primaria hasta Bachillerato suena, de entrada, a una de esas ideas que no deberían generar demasiada discusión. Y, sin embargo, la genera. En un país donde muchos jóvenes reconocen que no leen por placer —y donde escribir bien empieza a parecer casi una habilidad “extra”—, apostar por la lectura no es un capricho: es una necesidad.