Cuando uno escucha que el exgerente y una trabajadora del PSOE aseguran que los pagos a una empresa iban directamente a Koldo sin mayores comprobaciones, lo primero que viene a la cabeza es esa sensación de déjà vu. Otra vez la misma historia: dinero público, intermediarios, favores, y un sospechoso aire de “aquí nadie pregunta demasiado”. En un país que presume de transparencia, estas cosas no solo indignan, sino que minan lo poco que queda de confianza en quienes deberían dar ejemplo.