Hay una pregunta que sobrevuela todo este asunto y que cada vez resulta más difícil esquivar: ¿por qué tanta insistencia durante más de veinte años en controlar quién ocupa la Secretaría General y la Intervención? La respuesta parece evidente. Quien gobierna sin controles gobierna mucho más cómodo. Y eso es precisamente lo que transmite la larga cadena de nombramientos anulados, recursos y sentencias: la búsqueda constante de personas que no pusieran demasiadas pegas a las decisiones del Ejecutivo.