Hay días en los que uno sale a la calle y se pregunta hasta dónde vamos a llegar. Playas llenas de personas durmiendo en cualquier rincón, basura por el suelo, malos olores, suciedad y una sensación de abandono que empieza a ser difícil de explicar. Y mientras tanto seguimos con el mismo discurso de siempre: que si son niños, que si tienen frío, que si se han mojado, que si necesitan ayuda. Claro que hay situaciones que duelen y que nadie debería vivir. Pero también duele ver cómo nuestra ciudad se va deteriorando delante de nuestros propios ojos.

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Hay momentos en los que un país tiene que dejar de limitarse a protestar y empezar a demostrar que también sabe poner límites. Si Marruecos decide tensar la relación con España, utilizar la presión fronteriza o cuestionar una y otra vez la españolidad de Ceuta y Melilla, España debería responder con firmeza y con todas las herramientas diplomáticas y económicas que tenga a su alcance. Porque una relación de buena vecindad no puede convertirse en un cheque en blanco ni en una vía de sentido único.

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Hay una pregunta que empieza a hacerse cada vez más en Ceuta: ¿dónde está Javier Celaya? Porque cuando una ciudad atraviesa una situación como la que hemos vivido, cuando miles de personas llegan de forma descontrolada, cuando los ceutíes sienten que su ciudad está desbordada y cuando toca dar la cara ante Madrid, lo mínimo que se espera de un diputado es precisamente eso: que dé la cara.

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Hay algo que empieza a resultar difícil de entender: ¿hasta dónde piensa llegar Marruecos mientras España sigue empeñada en mantener una relación de «amistad» con su vecino? Mohamed VI, ese rey tirano que gobierna un régimen que no es precisamente un ejemplo de democracia, contempla cómo sus ministros reivindican públicamente Ceuta y Melilla, hablan de «territorios ocupados» y hasta invocan su «liberación» en actos oficiales presididos por él mismo. Y mientras tanto, desde España seguimos hablando de cooperación, diálogo y buena vecindad.

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Hay momentos en los que una ciudad deja de protestar y empieza, sencillamente, a decir basta. Eso es lo que ha ocurrido este lunes en la Plaza de los Reyes. Cientos de ceutíes, junto a quienes estuvieron y siguen estando en primera línea —policías, guardias civiles, bomberos, sanitarios y trabajadores de los servicios esenciales— han salido a la calle para trasladar un mensaje que debería ser imposible de ignorar: Ceuta necesita sentirse protegida. No pide privilegios. No pide un trato diferente. Pide exactamente lo mismo que cualquier otro ciudadano español: seguridad, servicios, derechos y la certeza de que, cuando llegue una situación extraordinaria, el Estado estará ahí.

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Ceuta, Domingo 06 de Septiembre del 2026

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