Las últimas revelaciones vinculadas al llamado “caso Koldo” no son un episodio aislado, sino otro capítulo que agrava una sensación ya extendida: la de que algo no está funcionando como debería en las estructuras de poder. Cuando aparecen testimonios sobre dinero en efectivo, relaciones personales influyentes y decisiones opacas en plena crisis sanitaria, la exigencia de explicaciones no es opcional, es imprescindible.