La noticia de que Interior ha concedido la semilibertad a decenas de presos de ETA utilizando el artículo 100.2 no puede despacharse con normalidad burocrática. No estamos hablando de delitos menores ni de errores aislados: hablamos de personas que participaron en una estrategia sistemática de terror, responsables de muertes, extorsión y miedo durante décadas. Pretender que estas decisiones son meramente técnicas es, como poco, una forma de esquivar el fondo del asunto.