La breve tregua tras el trágico accidente de tren en Adamuz, donde 42 personas perdieron la vida, apenas duró 48 horas. Durante ese corto tiempo, todos los partidos parecían hablar el mismo idioma: apoyo a las víctimas, coordinación y solidaridad. Un respiro en medio del dolor que, por un instante, nos hizo creer que la política podía ser útil y humana.