En política, la estrategia de algunos parece haberse convertido en un juego de tensiones constantes. Cuando quienes deberían buscar soluciones se dedican a enfrentar y polarizar, los ciudadanos terminamos pagando el precio de la inestabilidad. No se trata solo de diferencias de criterio: es la sensación de que la confrontación se ha vuelto un fin en sí mismo.