Lo ocurrido en los últimos días no admite discusión sobre un punto: Ceuta ha vuelto a demostrar una entereza que ya nadie debería poner en duda. Una ciudad de apenas 20 kilómetros cuadrados y unos 85.000 habitantes ha visto llegar, en 48 horas, una cifra de personas equivalente a más de la mitad de su población censada. Y, pese a ello, los servicios sanitarios han atendido a quien lo necesitaba, los cuerpos de seguridad han sostenido el perímetro con los medios que tenían, el tejido asociativo y vecinal ha vuelto a activarse sin que nadie se lo pidiera, y la ciudad ha seguido funcionando. Eso no es un dato menor: es mérito de la gente de Ceuta, no de ningún despacho de Madrid ni de ninguna sede de partido.
