A través del presente escrito, quiero manifestarle la profunda preocupación que me embarga ante el devenir de todo lo relacionado con la crisis humanitaria, política y social que estamos sufriendo en estos momentos.
A través del presente escrito, quiero manifestarle la profunda preocupación que me embarga ante el devenir de todo lo relacionado con la crisis humanitaria, política y social que estamos sufriendo en estos momentos.
Juan Jesús Vivas lleva días repitiendo la misma idea: que Ceuta está por encima de las ideologías, que esto no es un problema de PSOE o de PP, que aquí lo que importa es la ciudad. Suena bien. El problema es que sus actos, estos mismos días, cuentan una historia distinta.
Entre el 30 y el 31 de julio, entre 50.000 y 80.000 personas cruzaron de forma irregular la frontera de Ceuta en menos de 48 horas, según las cifras que han manejado el Gobierno central, el Ejecutivo ceutí en su recopilación de fuentes internacionales. El balance oficial de fallecidos se sitúa en 77, elevado desde una cifra inicial de 75; la ONG Caminando Fronteras, con dos décadas monitorizando estas rutas, cifra en 141 los muertos totales, con 63 cuerpos recuperados en aguas marroquíes. Ningún dato de este artículo es una estimación propia: todos proceden de fuentes oficiales o de organizaciones especializadas citadas expresamente.
Durante generaciones, quizás desde el diecinueve. Pero ya antes en cierta medida. Muchos aprendices de escritores y artistas iban a la Villa y Corte de Madrid.
Hace unos días escribía que, por encima de cualquier sigla, estaban la calle y nuestra gente. Lo sigo creyendo con más fuerza que nunca.