La política nacional sufre de una preocupante falta de originalidad, pero su mayor pecado es la desconexión con la realidad de los territorios que utiliza como bandera. La reciente intervención de Pérez Triano en el Comité Federal del PSOE en Madrid es el último ejemplo de una vieja costumbre: meter a Ceuta en la coctelera de la polarización para justificar las estrategias de Ferraz. Alertar de que un gobierno de la derecha y la ultraderecha es una "amenaza directa" para la convivencia local, puede funcionar muy bien como frase de trinchera ante los focos de la capital, pero simplifica de forma alarmante el día a día de la ciudad.
