Veintiocho días después de la entrada masiva de personas en Ceuta, el Gobierno sigue sin ofrecer lo que la ciudad reclama con mayor insistencia: certezas, planificación y plazos. A estas alturas, nadie discute que cualquier actuación debe hacerse conforme a la ley ni que es necesario identificar, filiar y tramitar individualmente cada caso. Eso es evidente. Lo que resulta inaceptable es que, después de casi un mes, el Ejecutivo siga limitándose a anunciar reuniones, mecanismos de coordinación y buenas intenciones sin explicar cuándo comenzará el retorno, con qué procedimiento se hará y cuánto tiempo piensa mantener a miles de personas en una ciudad que no tiene capacidad para soportar una situación de esta magnitud.

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Veintisiete días. Veintisiete interminables días después de que Ceuta sufriera una crisis sin precedentes, el Gobierno de España sigue sin ofrecer a los ceutíes una respuesta a la altura de lo ocurrido. La ciudad continúa lejos de la normalidad, como ha reconocido la propia Delegación del Gobierno, pero en Madrid parecen haber encontrado una solución tan sencilla como indignante: donde no caben más personas, se abren más centros. Donde faltan respuestas, se levantan carpas. Donde una ciudad exige recuperar su normalidad, se le pide que siga soportando el peso de una crisis que no ha provocado.

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Carlos Cuerpo viene este lunes a Ceuta. El vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa aterriza con la misión de abordar el golpe económico provocado por la crisis migratoria y estudiar medidas de apoyo para la ciudad. Se reunirá con Juan Vivas y con empresarios y agentes sociales. Hasta ahí, perfecto. Ceuta necesita dinero, necesita medidas y necesita que el Estado se haga cargo de una factura que no puede pagar sola. Pero hay una pregunta que resulta inevitable: ¿cuántos ministros tienen que venir todavía para que alguien empiece a resolver algo?

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Hay declaraciones que pueden interpretarse como una provocación diplomática y hay declaraciones que, directamente, retratan la ignorancia histórica de quien las pronuncia. Las últimas palabras del ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, pertenecen a la segunda categoría. Afirmar que Ceuta y Melilla constituyen un supuesto «derecho histórico y geográfico» de Marruecos y reclamar que su soberanía vuelva a ponerse sobre la mesa cada vez que Madrid y Rabat se sienten a hablar no es una reivindicación razonable: es intentar convertir una ficción política en una verdad histórica. Y hacerlo precisamente ahora, después de la gravísima invasión sufrida por Ceuta, resulta todavía más desafiante para España y, sobre todo, para los ceutíes.

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Ceuta, Martes 01 de Septiembre del 2026

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