Gastar millones de euros del dinero de todos los ceutíes para comprar camiones y furgonetas que no sirven ni para chatarra no es un simple error técnico; es una negligencia obscena que apesta a impunidad y cortijo. Poner una licitación millonaria de maquinaria de limpieza viaria en manos del gerente de Acemsa, Juan Manuel Sánchez Valderrama —un personaje que de gestión de residuos y trazado urbano sabe lo mismo que de astrofísica—, solo podía acabar como ha acabado: en un esperpento vergonzoso que sonrojaría a cualquier administración decente.