Hay palabras que, pronunciadas desde un despacho de Madrid, pueden parecer meros conceptos técnicos. En Ceuta, sin embargo, tienen rostro, cansancio y consecuencias. Por eso cuesta tanto aceptar que la ministra de Sanidad, Mónica García, haya venido a una ciudad sometida a una presión asistencial extraordinaria para decirnos que aquí no hay "colapso sanitario". Quizá técnicamente prefiera llamarlo de otra manera. Quizá los números permitan sostener esa etiqueta. Pero quienes llevan quince días doblando esfuerzos, quienes están atendiendo una situación absolutamente excepcional y quienes conocen de primera mano lo que está ocurriendo difícilmente pueden sentirse representados por semejante ejercicio de minimización.